Cosmética española que me hace ojitos (IV)
Soy el perro del hortelano: empiezo a creer en la fidelidad cosmética y, a la vez, tengo ganas de explorar nuevas propuestas...
He empezado a creer en la fidelidad cosmética. Yo, que siempre he sido una picaflor del cuidado facial y corporal, ahora me imagino REPONIENDO aceites y geles de baño porque me gusta cómo me hacen sentir y en estos tiempos de incertidumbre se han convertido en un lugar seguro.
Al mismo tiempo, me he encontrado buceando las redes en busca de nuevas propuestas (¿cuántas marcas eco y bio puede absorber un solo país?) con las que seguir nutriendo mi ya de por sí supersaludable estantería en el baño.
Así que en este listado periódico, donde habitualmente recomiendo productos que me gustan, se han colado también algunos otros que tengo muchas ganas de probar. Por si esto fuera poco, se aceptan consejos en los comentarios.
El Marvelous Facial Oil, de Shiweed. Este aceite, compuesto con extractos de algas de la Costa da Morte me lo recomendó hace más de un año mi amiga Cris Romero. Prácticamente todas las noches echo una minimísima gota en cada una de las yemas de mis dedos (excepto el pulgar) y extiendo el aceite, nada graso, por mi rostro. Alimento para la piel con un olor tan singular que, confieso, empiezo a pensar que es adictivo.
El Fill Roll On, de Lico. Hace tiempo que le tengo echado el ojo a esta marca sevillana, cuyo roll on de ácido hialurónico para rellenar el surco nasogeniano (¡me encanta lo concreto que es!) se quedó finalista en los Beauty Shortlist Awards de 2024 junto con otros tres productos suyos.
Face Essentials, de Midnight Cosmetics. Una rutina de cuidado facial minimalista, sin escándalos, con ingredientes que funcionan y precios asumibles. No se puede pedir más.
La reformulación de toda la línea minimalista Skin Routine, de Paloma Sancho. Como auténtica adicta a los limpiadores faciales en aceite, no veo el momento de probar la nueva versión de su aceite desmaquillante. ¿El momento cuando será? Cuando termine el glorioso Calma, de Saigu.
Fotoprotector antimanchas UVA Plus SPF 50+, de Bella Aurora. Esta era la marca que mi abuela usaba de joven y, aunque de aquellos tiempos solo queda el nombre, le tengo un cariño especial. Este verano probaré su SPF 50+ antimanchas, porque ya estamos en esa edad de incorporar antimanchas a cualquier producto tópico.
Los geles de baño de Instituto Español. Me declaro insoportablemente esnob en la ducha: no soporto los envases de litro en champús ni en geles. Así que para incorporar los de avena, coco, argán, vainilla o aloe de Instituto Español que tanto me gustan me toca hacer ‘trapicheos’ con los botes. Un cuadro, la verdad. Eso sí, un cuadro aromatizadísimo.
Vela de violetas, de Real Fábrica. Poco se habla del duelo que vivimos cuando nuestros productos favoritos se dejan de fabricar. Hice el último gran pedido de Olivia Soaps a finales de 2025, consciente de que estábamos al final de una era. A Paula, la fundadora de la marca, la conocí hace ¿quince? años. Encuentro en Internet que ya en 2013 la estaba recomendando en El País. Tengo cubierto el próximo año, pero ¿después qué? Le he echado el ojo a esta vela de violetas de Real Fábrica…
Tratamiento anti-frizz de The organic republic. Nunca en mi vida pensé que acabaría buscando productos para el encrespamiento. Y, sin embargo, aquí me tienes. Ahora mismo estoy con los productos de banana de Lush (larga vida a su acondicionador), y tengo muchas ganas de probar este, que estará a la venta en un par de semanas.
En el armario cosmético de… María Álvarez
Conocí a María Álvarez de una manera agradablemente fortuita: durante la presentación de ¡Silencio!, de Pedro Bravo. Creo que yo no sabía entonces que ella era la empresaria que estaba detrás del espacio en el que presentábamos el libro, aunque probablemente ella sí que supiera que yo era la editora de Pedro. Sea como fuere, no tardamos en empezar a hablar de temas en común, desde la cosmética hasta la moda (¡es una auténtica experta en colorimetría!). Sus opiniones eran precisas, estudiadas y brillantes. Cuando volvimos a quedar ya había otro proyecto sobre la mesa, su propio libro, Hijos del optimismo, que acaba de ponerse a la venta, una maravilla narrativa que explica el mundo y (sobre todo) nos insufla energía para el futuro. Un libro que te recomiendo con los ojos cerrados. Ya vas a ver qué bien se explica María:
Háblame de tus rutinas cosméticas… Para entender mis rutinas cosméticas primero debería contar que yo, antes que ninguna otra cosa, soy hacker. Asociamos esa palabra con la informática pero, en realidad, un hacker es cualquier persona que disfruta de la exploración intelectual por puro placer, que encuentra satisfacción en entender cómo funcionan los sistemas —cualquier sistema— y en empujarlos hasta sus límites o más allá. No es alguien que rompe cosas, sino alguien que las entiende tan profundamente que puede doblarlas a su voluntad. Así que se puede ser una hacker de la jardinería, o de la cocina o, también, por supuesto, de la cosmética. Y eso significa investigar e ir más allá de las modas y los hypes para encontrar las cosas que de verdad funcionan. Así que mis rutinas combinan cosas muy mainstream con otras que son muy experimentales con el único criterio de que a mi me funcionan.
Tengo piel atópica, así que antes de hacer ninguna otra cosa tengo que empezar por mantenerla en buen estado, y eso no es siempre fácil. Con los años y muchas pruebas he aprendido que la clave no es la “hidratación”, que a veces solo consiste en inyectar momentaneamente grasa o agua en la piel, sino en tener siempre levantada una barrera protectora. Por eso soy fiel a las cremas que llevan ceramidas, en particular la hidratante facial de Cerave con protección FPS y la que tienen alisadora para todo el cuerpo. Si necesito un extra de hidratación, uso la hidratante corporal de Dexeryl, que es la estrella contra la dermatitis.
El resto de mis rutinas empiezan con un viaje. Hace unos años empecé un proceso de transformación personal que me llevó a dejar atrás muchas cosas que había dado por hechas sobre mí ,porque en realidad no me pertenecían. Una de ellas tiene todo que ver con el color de mi piel y de mi pelo. Yo tengo la piel muy clara y el pelo bastante oscuro y grisaceo, como un ratón. Durante mucho tiempo todas las peluqueras (y yo misma) se empeñaron en teñirme de distintos tonos melaza, avellana, cobres... ¡Y me quedaba horrible! Pero yo tenía una obsesión mal informada sobre la necesidad de abandonar ese contraste entre piel y pelo que me hacía verme un poco como Miércoles Addams y no cejaba en mi empeño en ser rubia.
Cuanto empecé este viaje descubrí que mi subtono de piel es frío, y que todos esos tintes cálidos que me ponía se daban de patadas con mi complexión. Tanto que me producían una forma de disforía que hacía que fuera todo el día pintada como una puerta para tapar el caracter de mi piel. Hasta llegué a teñirme las cejas para no verme ese contraste entre cálido y frío. Me estaba travistiendo para ser una persona que no era.
El problema es que no hay ningún tinte que no tienda a un color cálido, porque el pelo teñido se oxida con el tiempo y emergen los cobrizos. Después de muchos tumbos, hice un cambio y dejé de ir a la peluquería a por esos colores terribles que no me iban bien. Probé decenas de productos hasta que di con un matizador de Igora Vibrance en tono ceniza (el 7.1 o el 6.12) para homogeneizar un poco el color de las canas que tengo, en lugar de sentirme obligada a teñirme para taparlas. Esto para mi ha sido una revolución, primero porque he dejado de ser esclava de las raices, después porque ¡por fín! he conseguido un color mucho más armónico con mi tono de piel. Y encima se aplica en 20 minutos y usa mucha menos agua oxigenada. Win win win win win. Aparte de eso, tengo el pelo tan corto que uso casi cualquier champú. Mientras lo tuve más largo fui bastante adicta al Hair Perfector nº 3 de Olaplex.
Resuelto el pelo, quedaba pendiente saber qué podía hacer con mi piel de Morticia. Mis últimos años han sido una expedición para encontrar productos para pieles frías y claras. Las claves: la base de maquillaje Sheer Glow Foundation de Nars en tono Oslo o, si no quiero tanta cobertura, Radiance Face and Body de Mac en tono C0. Sobre la base, aplico un contorno de Fenty Beauty en tono Amber 01 que es literalmente el único que he encontrado en tono frio para mi tono de piel. No tengo del todo resuelto lo del corrector, de momento me conformo con uno de Maybelline viejo al que le sigo rascando el fondo. Como colorete me bebo el Afterglow Liquid Blush de Nars en tono Wanderlust que es completamente morado y me queda genial y me encanta. Si el outfit no va con un colorete morado, uso un poquito del labial que me vaya a poner para las mejillas.
Desde que me reconcilié con mi paleta de color uso mucho menos maquillaje. Tengo un par de sombras que me gustan -- la Longwear cream shadow stick de Bobbi Brown o algunas Pro Longwear Paint Pot de Mac con brillibrilli-- pero solo las uso cuando voy a grabar vídeos o a hacerme fotos y busco más definición. Si no, voy contenta con el rimmel de Maybelline Lash Sensational sin pensarlo mucho y pintalabios como si los fueran a prohibir.
Y aquí entramos en el tercer capítulo de “qué hago yo con esta piel fría” que va de reconciliarse con algunos colores. Tengo la sensación de que algunas de nosotras, para encajar en un cierto molde, se ha esperado que abandonásemos determinados colores que se asociaban a un tipo de mujer o bien demasiado cursi y afeminada, o bien demasiado extemporánea. Pero resulta que a las pieles frías les van increibles los neones, los azules eléctricos y... los rosas. ¡Y todos parecen colores prohibidos!
Así que parte de mi viaje personal ha pasado por abrazar todos estos colores y reconstruir mi imagen sin ningún miedo a entrar en esas categorías. Tanto que últimamente voy casi siempre en gama de fucsias y rosas. Ser feminista no puede estar reñido con ser femenina.
Mis tres labiales favoritos ahora mismo son un rosa chicle de Chanel Rouge Allure en tono Sedusante (91), otro frambuesa tipo vinilo de Maybelline que se llama Superstay Vinyl en tono Unrivalled (30) y la estrella de la función, el Gossamer Creamy Lipstick de Kiko Milano en tono Raspberry que es el labial que más he usado en mi vida. Si quiero un labio rojo, mi secreto es un labial de Mercadona (y eso que tengo todos los sospechosos habituales), que tiene un subtono azul perfecto. Es la barra Matte de Deliplus en tono 109 (frambuesa). El día que yo conocí a Paloma Abad, seguido de las presentaciones lo primero que me preguntó fue qué labial llevaba. Era este. Must.
Producto favoritísimo para llevar a una isla desierta… No sé si sería buena idea llevarlo a una isla desierta, porque es foto-reactiva, pero en mi rutina antienvejecimiento llevo años usando una crema con tretinoina, que es la versión más activa de la vitamina A, lo mismo que el retinol pero más efectivo. Se llama Retirides, la venden en farmacia con receta médica, pero está prescrita para prevenir el fotoenvejecimiento, de manera que cualquier dermatólogo debería poder recetarla con ese fin. Como el retinol, estimula la regeneración de la piel, que es lo que está en la base de cualquier rutina de belleza.
Y ya que os cuento esto, continuo con su complemento: cuando no uso esa crema (no es bueno que te de el sol mientras la usas), la sustituyo por un tratamiento de microneedling en casa con un boli dermapen de Dr. Pen. Esto no es para cobardes. Como en una clínica, el microneedling te puede poner la cara como un cuadro si no lo usas bien, pero para mí es el tratamiento más estimulante y que mejor reduce la apariencia de las líneas de expresión. Y lo amo.
Producto con hype que fue un total bluff… Uff, mil. Para empezar, todos los que te ofrecen más “limpieza” (hola, rutinas coreanas, hola, clean eating!) hurgando en esa herida que tenemos algunas mujeres de sentirnos “sucias”. Pero quizás las cosas más caras en las que he invertido sin ver resultados han sido todos los tratamientos de ondas tipo Indiba y así. Me hacen cero efecto y me parecen un bluff.
En el otro extremo de la galaxia, siempre me ha parecido que el botox es una buena inversión con muy mala fama. Lo usé un par de veces en la frente y me encantó la experiencia. El problema es que, como te lo ponen de vial en vial entero, a veces es excesivo y queda mal. Pero si yo encontrara un profesional de confianza que me lo pusiera a poquitos, estaría abonada.
¿Tienes algún producto de marca española que te guste mucho? Soy super fan de 3INA. Me encanta la marca, me encanta su apuesta por los colores salvajes, me encanta su apuesta por la asequibilidad y por la creatividad. Todas las cosas más divertidas que tengo son suyas. Si tuviera que recomendar alguna en particular, tenían unos compacts que combinaban dos blush, un broncer y un iluminador que eran maravillosos para llevar en el bolso. ¡Por favor, que los vuelvan a sacar!
¿Qué es lo que menos te gusta de la industria cosmética? Lo que tiene de aburrido, a veces. Me parece soporífero el momento foto de Eva Longoria (o equivalente) con maquillaje en tonos tierra y un labial que no ofende a nadie. ¡Por favor, que estamos en 2026 y esas cosas no las hace ya ni Loewe! ¡Atrévanse!, ¡sorpréndannos!, las mujeres estamos haciendo de nuestra propia imagen un arte personal e intransferible: estén a la altura de las circunstancias.



Muchas gracias por tu artículo Paloma. Si me apetece enredar y comprar algo nuevo, me gusta mucho leerte y no ir a ciegas.
Saludos.
Me ha gustado mucho! Gracias y muy divertida y útil la entrevista